18 noviembre 2009

Kazajstán y China (I)

Primera parte de un reportaje sobre las relaciones entre Kazajstán y China publicado en Komsomolskaya Pravda.
Hace tres años todos mis amigos europeos fueron invadidos por un repentino e inexplicable (según a mí me parecía) interés por Kazajstán. Cuando yo, inocentemente, reconocía que mi madre era natural de Kazajstán, me atacaban con preguntas locas: ¿es cierto que hasta 2003 a los homosexuales en Alma-Ata les obligaban a llevar gorros azules, y las mujeres tenían prohibido viajar en autobús? Es verdad que la bebida alcohólica local es orina de caballo fermentada? ¿es verdad que el principal entretenimiento de los kazajos borrachos es disparar a los judíos y tirar a los gitanos en pozos? ¿Por qué está tan extendido el incesto en Kazajstán y cuándo un gobierno democrático local prohibirá casarse a las chicas menores de 18 años? Ese divertido montón de estupideces terminaba siempre con la misma petición: si no les podía ayudar a obtener un visado para ese extraño “país de alcohólicos, violadores, amantes del incesto, homófobos, racistas que odian a sus esposas”, en definitiva, al paraíso prohibido de las alegrías perdidas políticamente incorrectas.
Toda esta información sobre el maravilloso Kazajstán la obtuvo el público europeo y americano de la película del cómico inglés Sasha Baron Cohen “Borat, investigación cultural en provecho del glorioso pueblo de Kazajstán”,. Su protagonista principal es el periodista kazajo Borat Sagdiev, que por encargo del ministerio de información de Kazajstán se dirige a los USA para crear un documental. Borat es una brillante creación de humor negro y magnífica parodia de las costumbres americanas (Kazajstán no tiene nada que ver). Aunque, en opinión de mi amigo, el periodista kazajo Vladimir Roerich, Borat muestra el susto del mundo occidental ante las ordas que vienen de oriente. Y para occidente todo lo que está al este del Oder es un gran Boratstán. Una historia eterna: Roma y los bárbaros. “Sin embargo los bárbaros en la película son más atractivos que los americanos”, le digo. “Pero es que los bárbaros siempre son mejores representantes de la civilización, - asegura alegremente Volodia, - porque tienen una naturaleza más pura”.
Después de que esta comedia apareciera en las pantallas en 2006 (en Rusia se prohibió su exhibición en cines por respeto a nuestro vecino) algunos se enfadaron en Kazajstán, otros patearon, y algunas personalidades oficiales incluso emitieron comunicados de protesta. Pero cuando el flujo de turistas a Kazajstán se multiplicó por 5 (¡), y a una encuesta el británico Times el 81 por ciento de los encuestados respondiera que soñaban con “pasar sus vacaciones en la patria de Borat” los kazajos decidieron que la publicidad escandalosa también es publicidad. El actor Sasha Baron Cohen en su personaje de Borat invitaba a visitar “mi gran país, en el que tenemos increíbles riquezas naturales, trabajadores muy trabajadores y las mejores prostitutas de Asia Central”.
2006 fue un año dorado para Kazajstán, cuando el país cosechó los frutos de la riqueza petrolera y gasística. Crecían como setas los hoteles de 5 estrellas, se multiplicaron por 3 los vuelos a Europa. Aparecieron los “nuevos kazajos”, que no desmerecían por sus extravagancias de los “nuevos rusos”. Se filmó la película romántica hollowoodiense “El nómada”. Los occidentales conocieron bien el nombre del Kazajstán, incluso se enteraron de que existía tal pueblo: los kazajos. La reputación de Kazajstán en el territorio de la CEI era enorme, gracias sobre todo a la figura de su presidente Nazarbayev y su talento diplomática. Había conseguido mantener buenas relaciones con todos a la vez. El mundo árabe mira bien a la joven potencia asiática que se posiciona activamente como país musulmán, pero se aleja del radicalismo islámico. (Los kazajos so históricamente musulmanes “fríos”, como la mayoría de los pueblos nómadas entra en la “frontera superior del Islam” muy influenciada por el paganismo). Turquía ha trabajado mucho con los kazajos, que se proclaman solemnemente “pueblo turco”. A los occidentales les gusta el discurso de Nazarbayev sobre los “valores democráticos” y el “camino a Europa”, pero sobre todo les gusta el gas y el petróleo. Ellos siempre saben pasar pro encima de los pequeños problemas con los “derechos humanos” de esta “floreciente monarquía asiática”. Las relaciones con Rusia son perfectas: Putine y Nazarbayev, como se suele decir, son tal para cual (Nazarbayev nunca pudo perdonar a Yeltsin ni Gorbachov la disolución de aquel gran país llamado URSS). La lengua rusa en Kazajstán está como en casa, incluso es limpia, gramaticalmente correcta, como incluso en la propia Rusia es difícil de encontrar hoy en día. (los kazajos todavía hoy están agradecidos al destierro de la inteligentsia rusa, que elevó el nivel de la educación a una altura envidiable Por ejemplo, entre los maestros de escuela, había un humilde profesor de matemáticas llamado Alexandr Solzhenitsin).
Por supuesto que se fueron rusos y alemanes de Kazajstán, pero se fueron despacito, sin excesos (tras la perestroika abandonaron el país millón y medio de soviéticos “europeos”). Por contra, llegaron 700 mil kazajos desde China, Mongolia y Uzbekistán, a los cuales Nazarbaev invitó a volver a su patria histórica. Junto con el boom petrolero llegó el demográfico: los kazajos comenzaron a reproducirse como conejos, y su porcentaje subió desde el 40% de la época soviética hasta el 65%. Por primera vez los kazajos podían soñar con la formación de un estado nacional.
Incluso ha tenido éxito el traslado de la capital desde la templada Alma-Ata hasta la fría y barrida por los vientos Astana. El primer grupo de funcionarios que llegaron en diciembre de 1999 a la capital de la estepa se entregó con tristeza a la bebida, parecía que la vida allí sería imposible. Pero no en vano llama a Astana (que también es Tselinograd y Akmola: la tumba blanca) el juguete preferido del Papa. La ciudad creció frenéticamente, entre la fiebre de la construcción y el petróleo, ahogada en el dinero. La actual Astana es una fantasmagoría, que puede volver loco a un arquitecto clásico. Un amontonamiento de edificios brillantes con formas que han podido ser inventadas por un niño jugando con un mecano. Aquí no hay gente ni árboles (la mayoría de la población se oculta en la ciudad antigua en casas soviéticas idénticas, que aunque sean horribles son comprensibles). La ciudad nueva con sus construcciones cósmicas, de las cuales casi salen marcianos verdes, es para los funcionarios y los extranjeros, que suspiran de admiración ante el “tremendo sentido de modernidad que demuestran estos niños salvajes de las estepas”.
Entonces solo se presagiaba felicidad, había incluso aduladores que hablaban seriamente del “milagro económico kazajo”. Pero un año después, en 29007, Kazajstán tropezó con una aguda crisis financiera, un año antes que el resto de la comunidad internacional. Quedó claro que el dinero no solo puede ser una medicina sino también una enfermedad.

¿QUÉ SUCEDIÓ Y QUIÉN ES EL CULPABLE
Kazajstán no deseaba reconocer la crisis. “Entonces, en 2007, a todos les parecía que eran minucias, tonterías, que los problemas se disiparían, -dice el politólogo Dosym Satpaev- durante todo el año negamos la crisis a todos los niveles. Pero quedó claro que la crisis era sistémica y acabó por completo con el mito del liderazgo económico de Kazajstán y los fuertes cimientos del estado. ¿Qué sucedió? Kazajstán se implicó demasiado activamente en el sistema financiero mundial: teníamos un amplísimo espectro de servicios bancarios, con el que ni siquiera Rusia podía soñar. Pero el problema estaba en que todo esto se basaba en recursos externos, no en internos. Los bancos kazajos salieron con audacia al mercado externo de créditos. Tomaban unos créditos colosales a intereses reducidos, y los colocaban aquí a porcentajes altos. Por todas partes había anuncios: hipoteca a 20-25 años con el piso como aval. Los bancos daban créditos por todas partes, aumentando sus míticos activos. Los precios de los inmuebles subieron muchísimo. Los bancos comenzaron a refinanciar los créditos, es decir, a tomar nuevos créditos para cerrar los viejos”. “¿O sea que vuestros economistas fueron a ciegas por la vía estadounidense?”. “Así fue, ¿y donde los tomaron? En Lemman Brothers, en los poderosos grupos financieros que en 2007 se encontraron en una situación difícil y comenzaron a retirar a toda prisa fondos de los mercados de los países en desarrollo. Y Kazajstán fue uno de los primeros que sufrió el golpe. Los inversores huyeron, cada cual buscó su propia salvación y el mercado se hundió. En 2008 la deuda externa del sector bancario de Kazajstán era de 40.000 millones de dólares (incluso cuando la deuda estatal de Kazajstán era muy pequeña). Los precios de inmuebles cayeron bruscamente, la gente se lanzó a sacar el dinero de las cuentas bancarias. Los bancos dejaron de dar crédito a las pequeñas y medianas empresas, los negocios se volatilizaron, apareció el paro. Al encontrarse en paro, mucha gente dejó de pagar los créditos. En una palabra, un círculo vicioso”.
En 2007 Kazajstán se esforzaba en solitario, se negaba a reconocer que un país rico con tal potencial podía arruinarse. Pero en 2008, cuando el mundo fue cubierto por la ola global de la crisis financiera, Kazajstán se ahogó y comenzó a hundirse. Todos los grandes proyectos energéticos comenzaron a exigir dinero fresco e inmediato. Y no lo había, ni tampoco en Rusia. Sólo había un país en el mundo que nadaba en oro y estaba dispuesto a comprar todo el viejo y el nuevo mundo en rebajas: China. La misma China con la que Kazajstán ya comenzó a flirtear en 2002, cuando firmó un Acuerdo de buena vecindad, amistad y colaboración. La misma China que durante siglos había mirado con envidia las grandes extensiones desiertas de su vecino Kazajstán (9º país del mundo por extensión y 61 por población , con una media de 6 habitantes por kilómetro cuadrado), de un país rico en recursos naturales, con acceso directo al Caspio y control total de Asia Central. La misma China que en el siglo XVIII ya puso en cuestión la propia existencia de la nación kazaja.

¿HACIA DÓNDE DERIVA KAZAJSTÁN?
Ya a finales de 2008 se vio que China controla el 21% de la extracción de petróleo de Kazajstán (2,5 veces más que Rusia). 2009 proporcionó a China un auténtico éxitocon un crédito de 10.000 millones de dólares obtuvo uno de los más importantes activos del sector petrolífero kazajo, al cual también aspiraba Gazprom Neft: el 49% de la comapía Mangustaimunaigaz (MMG), así como el acceso potencial a las minas de uranio. Según valoración de los expertos, el porcentaje perteneciente a compañías chinas en el sector de extracción de petróleo casi iguala al de la compaía nacional Kazmunaigaz. Una vez controlado un tercio de los recursos energéticos kazajos, China preparó el transporte de petróleo: construyó el oleoducto Kazajstán-China (con una capacidad de hasta 20 millones de toneladas al año). El comienzo de la construcción del gasoductos kazajo-chino, por el que fluirá el gas turkmeno debilita la posición de Gazprom y prácticamente acaba con su monopolio. En una palabra, China se convertirá en el jugador más fuerte del sector energético en Asia Central.
En relación a China, hay dos posturas en Kazajstán: una, la oficial, difundida magníficamente por el presidente del Senado Kasym-Zhomart Tokayev: “No podemos ignorar a China, tenemos 1700 kilómetros de frontera con ellos. La economía china es la más dinámica del mundo y pronto será la segunda. Como dijo nuestro presidente, no hay que desarrollar miedos fantasmas y extender la idea de la amenaza china”:
Cualquier funcionario kazajo dirá la frase de moda cuando le conecten una grabadora: “La amenaza china en un mito alarmista”. Punto. Pero cuando la desconectan… Oirá la segunda, la versión habitual de lo que sucede, fundada en profundos temores históricos, en el mismo instinto popular que le gustaba subrayar a Lev Tolstoi. Estos temores me los definió con precisión un ciudadano soviético de nombre Multar, dueño de un club de moda en Almaty, el Soho: “los kazajos odian genéticamente a China. Si fuera por nuestra voluntad, hace tiempo que habríamos construido la Gran Muralla Kazaja, para separarnos de nuestro vecino. Pero no hay fuerzas. El comportamiento actual de Kazajstán es el de un cordero rodeado de lobos. Les entregamos sin rechistar nuestro gas y petróleo. Que saquen todos nuestros recursos, pero que al menos nos dejen nuestra tierra, donde en invierno hay -40ºC y en verano +40. Encenderemos las estufas con estiércol seco como lo hacían nuestros antepasados, pero sobreviviremos.
El miedo histórico de los kazajos está relacionado sobre todo con los acontecimientos del siglo XVIII, cuando el imperio chino destruyó el janato de Dzhungar, en el lugar en que ahora está la región autónoma ligur de Sintsian. La carnicería perpetrada a sangre fría de los oiratos, vecinos y hasta poco antes rivales de los kazajos hizo a estos últimos acercarse a Rusia. No olvidan tampoco los kazajos el conflicto soviético-chino de 1969 en el lago Zhalanashkol. “Yo era un niño pero recuerdo aquellos hechos, - cuenta el periodista Vladimir Roerich. - La gente andaba con rostro térreo, las mujeres se sentían viudas. Hubo muertos, hubo enfrentamientos militares. Era evidente que China nos iba a invadir. Yo estaba bien educado y soñaba robar una carabina en un puesto de tiro de feria, quedarme y comenzar una guerrilla partisana. Recuerdo los acontecimientos. Durante mucho tiempo tuve una sensación de enemigo, y no ha aparecido una sensación nueva. Reconozco que China es una civilización antiquísima, una gran cultura, es un planeta gigantesco, en cuyo campo gravitacional nos encontramos. Y ahora dos atracciones gravitatorias van a romper en pedazos nuestro planeta provincial. Kazajstán tienen un territorio enorme, pero sin gente, y tiene que entrar en la órbita de alguien. Ya que el gran hermano ruso languidece, se debilita, y no puede contener ni siguiera a la pequeña Georgia, nosotros nos volvemos poco a poco hacia China. Aunque creo que aún echaremos de menos al colonizador ruso, que era casi un ángel: construía escuelas, teatros, hospitales, carreteras. Nunca este territorio tuvo una existencia mejor que con los rusos, pero ahora no está bien visto decirlo. La independencia nos la regalaron, nadie luchó por ella. Salimos los últimos de la Unión Soviética y de la zona rublo. Y ahora estamos de pie, pensando, ¿en quién nos vamos a apoyar?”.

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