24 abril 2006

La rusofobia

Artículo de Piotr Romanov para RIA Novosti, sobre la rusofobia. Un tema que en España ya casi se da por supuesto: los rusos son cada vez más malos.

Escribir con sangre fría sobre la rusofobia es lo mismo que mantener la dignidad cuando inesperadamente te tiran un cubo de agua desde una ventana. En la medida de lo posible intentaré hablar del tema sin ofender. No nos indignaremos con el que "los rusos, según escribe la prensa británica, son los más tontos del mundo". No vamos a discutir con los japoneses que experimentan antipatía hacia nosotros incluso porque todos los frentes fríos les llegan desde Rusia. Olvidémonos de los finlandeses, para quienes, según las encuestas, somos los extranjeros menos queridos. y esto al mismo tiempo que, según nuestras encuestas, es precisamente hacia los finlandeses hacia quien más simpatía experimentan los rusos. Qué le vamos a hacer. En resumen, mantengámonos tranquilos. Recordemos mejor las palabras del marqués George Nathaniel Curzon, virrey de la India y en su tiempo ministro de asuntos exteriores británico: "todos los británicos llegan a Rusia como rusófobos y se van como rusófilos". Esto significa que la antipatía hacia los rusos viene en general de la falta de educación y de los mitos. En parte fundados en la propia vida y en parte creados por especialistas que trabajan para nuestros enemigos: en eso consiste el concepto de la guerra informativa. Y no vienen de la época soviética sino de mucho antes. La desaparición de la URSS, como demuestran los hechos, no ha influido sobre la rusofobia. El "nuevo pensamiento" con que soñaba Gorbachov no llegó a aparecer. Fianlmente hay una memoria histórica. Si hablamos de etnofobias, tenemos ahí una fuente inagotable de agua envenenada.
Podemos continuar con los ejemplos, pero incluso con lo expuesto anteriormente es evidente que el problema es tan variado y está tan enraizado en las mentes de los occidentales que no hay que hacerse ilusiones: cualquier contramedida solo sería un paliativo parcial. El nivel de rusofobia se puede disminuir, pero acabar con él es prácticamente imposible. Por cierto, incluso disminuirlo es una labor que exige no pocos esfuerzos intelectuales y económicos. Además los profesionales con experiencia en la propaganda en el exterior (discúlpenme por esta expresión pasada de moda) hace tiempo que están al borde de la extinción. tras la disolución de la URSS el nuevo poder decidió que los profesionales que saben cómo trabajar con los medios de comunicación extranjeros ya no le hacían falta, que todo se resolvería por sí mismo: el amigo Bill y el amigo Helmut nos ayudarán, En último extremo los profesionales desaparecidos serán reemplazados por jóvenes y enérgicos comerciantes de Sneakers. No dio resultado. Por cierto, la mala imagen de Rusia genera no pocas pérdidas económica y políticas.
Cuando se habla de la rusofobia, en general, las preguntas están de más, y las respuestas, incluso las más cualificadas pueden ser criticadas con argumentos. Digamos que, según muestran las encuestas realizadas en el extranjero, la imagen de los rusos ha empeorado en todos los países del mundo. Resulta que no había nada de lo que alegrarse, la historia demuestra inapelablemente que una Rusia débil suele generar menos sentimientos negativos en el extranjero que una Rusia en proceso de curación que, como el ave fénix, resucita una vez más de sus cenizas. De esta manera, el brusco empeoramiento de la imagen de Rusia entre los extranjeros es al mismo tiempo una señal de que Moscú lleva una política correcta, y no de lo contrario.

Por cierto, ya que hablamos del tema, es curioso observar cómo occidente sigue el mismo camino a través de muchos siglos. Siempre que Rusia experimenta momentos difíciles, los políticos occidentales consideran que Rusia está casi muerta y empiezan a pensar seriamente en su vivisección, y al contrario, cuando la "muerta" Rusia inesperadamente abre los ojos, occidente se asusta tremenda e histéricamente. Fue así en los tiempos oscuros, cuando intentaron dividir la tierra rusa entre los polacos, suecos e ingleses. Durante el reinado del zar Alexei Mijailovich, cuando Rusia estaba totalmente debilitada, Europa Occidental, con el objetivo de mantener la paz en su propia casa definió las zonas de expansión para las principales potencias europeas: nuestro país, de acuerdo con ese "plan de paz", correspondía a los suecos. Lo único que no tuvo en cuenta el filósofo, matemático, jurista y teólogo Leibnitz, autor de este inteligente plan, fue el nacimiento de Pedro el Grande. Al final del reinado de Pedro Suecia ya no era una potencia, y Rusia era ya un imperio, el soldado ruso asustaba a Europa de tal manera que no ha podido tranquilizarse hasta hoy.
Después vino la derrota en la guerra de Crimea, que según pareció a muchos políticos europeos, garantizó el retraso eterno de Rusia con respecto a los demás países del mundo. Sin embargo llegaron las reformas liberales de Alejandro II, que levantaron de nuevo a Rusia. Mas tarde llegaron la I guerra mundial, la revolución, la guerra civil y de nuevo aparecieron los planes de Churchill de terminar para siempre con Rusia, dividiéndola en pedazos. El proyecto se vino abajo y en su lugar apareció la Unión Soviética, que asustó hasta la muerte a Europa Occidental. Finalmente la disolución de la URSS trajo nuevas esperanzas a los europeos, y la aparición de Putin una nueva desilusión: odio mezclado con miedo. Traeré aquí el típico punto de vista europeo, expresado por una periodista italiana: "la URSS se consideraba un país muerto para siempre. La reciente aparición de Rusia como estado nacional fue un trueno en un cielo azul". Y eso que esta señora no sabía que los encargos a la industria de defensa rusa el año pasado crecieron un 61%, como informó hace unos días el presidente. El trueno había sonado con silenciador.
En pocas palabras, se trata de algo déjà vu: exactamente igual escribieron en Europa tras los Tiempos Oscuros, y tras la guerra de Crimea, y tras la revolución del 17.
Por supuesto, el hecho de que junto al miedo al oso ruso, cuya boca se encuentra en Europa y su cola en el extremo oriente, aparezca la rusofobia, no es algo que alegre. Pero yo, personalmente, si hay que elegir, prefiero una Rusia fuerte hacia la que se experimente rusofobia que una piel de oso ruso colgada en cualquier despacho occidental, cuyo dueño la muestre orgullosamente a sus invitados, acariciando su oreja sin experimentar ninguna rusofobia.
¿Hay algún método que permita en occidente algo intermedio entre el miedo patológico a los rusos y el no menos patológico desprecio hacia ellos? Creo que sí. No los voy a enumerar ahora. Pero uno de ellos sí lo voy a mencionar: es imprescindible, de una vez y para siempre limpiar de una vez y para siempre todos los problemas históricos de los que los rusos son culpables. Recordemos por ejemplo el caso de Katyn. El régimen de Stalin cometió un crimen, conocido por todo el mundo. La Rusia moderna no ha encontrado aún el valor para decir a los polacos toda la verdad sobre esta tragedia. Si hace falta, presentar de nuevo escusas, y lo más importante, entregar a Varsovia todos los documentos que se encuentren en nuestro poder. Al fin y al cabo hay parientes vivos de los muertos, que tienen derecho a conocer toda la verdad sobre cómo murieron los suyos. No puedo entender por qué esto no se ha hecho aún, cuando además este crimen fue cometido por la generación actual sino por el régimen de Stalin.

Al mismo tiempo que se pagan las deudas, en mi opinión en ningún caso hay que olvidar nuestras propias reclamaciones. A diferencia de nuestros vecinos, nosotros perdonamos demasiado fácilmente, y esto no hace aumentar el respeto hacia Rusia. Sí, existió Katyn. Pero antes de eso hubo el caso no menos trágico de los prisioneros rusos en Polonia tras el fracaso en la campaña de Tujachevski en Varsovia. Hay testimonios, tanto en Rusia como en occidente, de cómo se trató a estos prisioneros. El departamento de ayuda a los prisioneros de guerra del YMCA norteamericano denunció el 20 de octubre de 1920 que los prisioneros rusos estaban en condiciones insoportables: en lugares en que era insoportable la vida, sin muebles, camas ni cristales en las ventanas, a pesar del frío. Los prisioneros estaban descalzos, sin ropa, medicamentos, faltaba el personal médico y los alimentos. Las condiciones descritas hicieron concluir a los estadounidenses que los prisioneros morirían pronto. Y ciertamente murieron a miles. El periódico de Lvov “Vperyod” llamó el 22 de diciembre al campo de Tujol “campo de la muerte”. De esta manera, Katyn y Tujol se igualan. Por eso hay que pedir a los polacos que se arrepientan del trato bárbaro a los rusos. Por cierto, y para que no haya ilusiones: de la misma manera que se comportaros con los soldados del ejército rojo lo hicieron con los blancos de Yudenich que retrocedían desde el Báltico. Les permitían cruzar la frontera en pequeños grupos, poco después les quitaban las armas, unos kilómetros más adelante las cosas de valor y la ropa. Así que no les maltrataban por “motivos ideológicos” sino por rusos. Al defender a nuestros antepasados maltratados no sólo conseguiremos justicia sino respetarnos a nosotros mismos. La persona que no recuerda a los suyos no se gana el respeto.
Por cierto, incluso lo dicho anteriormente sobre la rusofobia no es mas que una pequeña gota de agua en el mar, una pequeña parte de un enorme iceberg.
Con todo, hay un problema básico, que si no se resuelve será imposible luchar contra la rusofobia. El problema somos nosotros mismos: nuestro nivel de vida, nuestra cultura, el nivel de desarrollo de nuestra sociedad civil, nuestra política interna y exterior, nuestra fuerza militar y económica. El débil siempre es objeto de escarnio: así es, por desgracia, la naturaleza humana.
Cualquier contramedida (aunque sin ellas todo será peor), seamos lo inteligentes y refinados que seamos, no cambiará el hecho del que hablo. Así que, en la lucha contra la rusofobia lo primero que necesitamos es una Rusia sana y fuerte. Porque en un país así es más agradable vivir.
La antigua sabiduría nos dice: para que te respeten los de alrededor, empieza por respetarte a ti mismo, a lo que has hecho con tus propias manos.
De esa manera incluso los caprichosos finlandeses cambiarán su visión de Rusia.

7 comentarios:

Antonio Lite dijo...

Un artículo muy bueno. Curioso lo de los finlandeses... aunque claro, echando un vistazo a cualquier libro de Historia, uno ve la guerra ruso-finlandesa, piensa que los finlandeses tiene más memoria que un elefante... y bueno, hasta tiene perdón de Dios, como les pasa a los polacos, estonios, letones...

Pero también Francia debería de padecer rusofobia, por aquello que le pasó allá por tiempos de Napoleón; o Alemania, por eso que pasó entre 1941 y 1945... y como que estos van más a su aire, superando reconcores y viviendo su vida.

Coincido plenamente que existe una rusofobia desproporcionada en casi todo el mundo, gracias a una desinformación planeada. No interesa, nunca lo ha hecho, una Rusia fuerte. Y ahora que empiezan a mandar las reservas energéticas, parece que Rusia manda bastante más de lo que parece.

En prensa siempre se usa el adjetivo ruso para acompañar a las mafias (rusas) a los aviones (de fabricación rusa) que sea estrellan, y otras desgracias que ilustran el día a día de periódicos y telediarios.

Yo no llegaré a entender nunca el porqué de esa animadversión hacia todo lo ruso. La única explicación, contrastada en todos los casos de rusofobia que personalmente he tenido ocasión de sufrir, es la falta de información veraz y en muchísimas ocasiones, este problema se agudiza con una enorme carencia de educación (educación básica como ser humano).

Y desde luego, gran verdad es que apunta a que si uno llega a Rusia como rusófobo, vuelve como rusófilo. Siempre que el visitante o viajero quiera abrirse y ver la realidad.

Iñaki dijo...

Curiosamente, los rusos tienen una opinión muy positiva de Alemania,un país que les ha causado un daño inmensamente mayor que el que hayan causado los rusos a otras naciones. Supongo que la prensa encontrará alguna manera de ver esto como un rasgo negativo del carácter de los rusos, pero a mí más bien me parece grandeza de espíritu.
Sobre la rusofobia creo que había una serie de comentarios de analistas políticos bastante buenos en www.intelligent.ru, me parece que estaban en inglés (si queremos leer algo sensato sobre Rusia hay que leerlo en inglés o en ruso).

Antonio Lite dijo...

Efectivamente, para leer algo sensato sobre Rusia, el castellano no vale. Una muestra, el editorial de hoy 26 de abril de El País, muy en su línea...

http://www.elpais.es/articulo/opinion/Chernobil/anos/elpporopi/20060426elpepiopi_3/Tes/

Y eso que hasta ahora, se habían portado casi bien con la serie de artículos que han ido publicando sus ilustrísimos corresponsales sobre Chernobyl.

La verdad, este periódico está perdiendo toda mi estima.

Iñaki dijo...

Al menos esta vez el señor Terstch se ha contenido y no le echa la culpa al ex agente del KGB Vladimir Putin.

Anónimo dijo...

Una Rusia sana y fuerte no es lo mismo que una Rusia autocrática e imperial. Los momentos en los que Rusia ha despertado, como dice el autor, fueron los momentos en que Rusia se volvió más autocrática. En la historia de Rusia no ha ha habido un momento de progreso que haya ido acompañado de un aumento de las libertades, sino al contrario, y cuyos movimientos a menudo han sido violentos. Eso es lo que da miedo a los occidentales y no un supuesto odio a los rusos.

Anónimo dijo...

en pocas palablas alguien me puede explicar que es rusofilo entonces .

Anónimo dijo...

México es rusofílico por naturaleza; aun teniendo a estados unidos de vecino.